Las calabazas de Halloween

En todo el mundo ya ha arraigado profundamente la fiesta de Halloween; la decoración para el hogar, los vampiros, las brujas, fantasmas, momias y todo tipo de monstruos hacen de las ciudades de todo el planeta su terrorífico territorio y en ciertas partes del mundo hasta piden dulces de casa en casa.

Pero hay un elemento extrañamente extendido en estas fiestas, un elemento decorativo que de ser necesario, es masivamente importado en todas partes del globo con el único fin de embellecer los jardines, ventanas y muebles de toda clase de hogares, comercios y calles. Nos referimos por supuesto a la inigualable calabaza de Halloween.

Esta curiosa forma de preparar cada rincón para recibir las fiestas, es comúnmente aceptada por todos nosotros sin hacer demasiadas preguntas, pero tiene su origen en los pueblos celtas de la Escocia e Irlanda que tallaban nabos e introducían una brasa en su interior para iluminar pero, ¿por qué lo hacían? Según la leyenda, un tipo llamado Jack, logró engañar al diablo en varias ocasiones (el número varia según quien lo cuente y las ganas de entretener que tenga) y según parece, el bueno de Jack era un borracho estafador, de modo que el diablo acudió a por su alma, pero gracias a su ingenio, Jack conseguía encerrar al diablo cada vez que este se presentaba a por él, y siempre atrasaba su hora con pactos, hasta que finalmente acordaron que nunca más reclamaría su alma.

Al morir Jack no fue aceptado en el cielo ni pudo entrar en el infierno por su último pacto, regresando como espíritu al mundo de los vivos y usando para alumbrar el camino, una brasa del infierno incrustada en un nabo. Y de ahí la historia de “Jack Of The Lantern” y el origen popular de la noche de brujas.

Con el paso de los años, la tradición de la noche de brujas llegó a los Estados Unidos, donde se aprovecharon del mayor tamaño de las calabazas para este fin, resultando mucho más cómodas de iluminar, y cambiando las brasas por velas; y aunque al principio se utilizaban como simples lámparas colocadas en las ventanas en la noche de brujas para ahuyentar al demonio y que no entrara en las casas, acabó convirtiéndose en la divertida tradición de tallar formas monstruosas para usarlas como iluminación ornamental, tanto como decoración de interiores como artículos de exterior y complementos para disfraces.

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